La carne radiante de Venus

... Sin olvidar la tierra, el aire, los vientos, la lluvia, los cielos, ni menos aún la muerte, estas obras nos proporcionan la alegría del reencuentro con una artista que, parodiando aquella célebre frase de Delacroix (“Dadme barro, dejádmelo combinar a mi gusto y haré la carne radiante de Venus”) con el barro, con las manos, extrae de lo desconocido su más hermoso destino ...
Eduardo Baliari, 1988